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El jardín no debería convertirse necesariamente en un lujo en tiempos de sequía o en los meses más calurosos del año. Existen muchas maneras de ahorrar agua sin que las plantas se resientan por ese motivo.

Una idea que hay que adoptar es que las plantas son capaces de sobrevivir con cantidades de agua muy inferiores a las que creemos. Dicho esto, es igualmente importante valerse de una serie de trucos para hacer un uso eficaz y razonable del agua.

 

¿Cómo regar?

• A qué horas regar. En los momentos más calurosos del día, la mayor parte del agua de riego se evapora. Regar por la noche, o a primeras horas de la madrugada, es mucho más aconsejable. Además se evita quemar las plantas por el efecto lupa del sol sobre las gotas.

 

El riego debe adaptarse al clima, pero también a la época del año y las necesidades de las plantas. No vale mantener el mismo programa de riego apto para el verano de mayo a septiembre.

• Un riego adaptado a las características del suelo. Deberá ser más frecuente y abundante en suelo arenoso, donde el agua se infiltra rápidamente, y más lento y espaciado en suelo arcilloso, de baja infiltración. 

• Un riego adaptado al clima. Los programadores de riego permiten regar en el momento deseado y durante el tiempo necesario. Pero no es eficaz mantener el mismo programa de riego apto para el verano de mayo a septiembre. Conviene hacer ensayos de reducción de riego. Las plantas pueden tolerar periodos más o menos largos sin ser regadas, sobre todo si se las va acostumbrando progresivamente.

 

• Regar bien, pero menos veces. Es mejor regar las plantas en su base, a fondo, para que el agua llegue a las raíces, y de forma espaciada, que hacerlo de forma ligera y más a menudo. En el primer caso, las raíces tenderán a bajar más profundamente buscando el agua y la planta se hará más resistente.

 

• Los sistemas de goteo que riegan solo la zona radicular son los más eficaces, aunque también más costosos de instalar. Además, el riego por goteo no compacta el suelo tanto como el riego por aspersión y, por tanto, se no se pierde tanta agua.

 

• Vallas para atajar el viento. El viento contribuye mucho a la evaporación, pero puede limitarse su acción mediante vallas vegetales o artificiales.

 

• Acolchar la base de las plantas. El mulching limita la evaporación, concentra el agua de riego (permitiendo un ahorro de hasta el 40 por ciento), frena el crecimiento de las malas hierbas y evita que el suelo se compacte al conservar una cierta humedad y aportarle materia orgánica. El acolchado debe establecerse sobre un suelo húmedo y removido.

 

• Aportar compost de forma regular. Al mejorar la estructura del suelo, el humus facilita la circulación del agua, que sube por capilaridad desde las reservas más profundas. La materia orgánica favorece también la retención de agua en el suelo, pero no debe representar más del 5% del volumen de sustrato.

 

• Utilizar geles en el sustrato. Cuando se ha secado, el suelo repele el agua y pierde así gran parte de la que se le aporta. Añadiendo turbas con geles o agentes mojantes se puede mejorar notablemente la capacidad de retención hídrica del sustrato y su capacidad de rehumectarse. Existen sustratos con geles que permiten un ahorro de hasta un 40 por ciento de agua.

 

 

DISTINTAS NECESIDADES HÍDRICAS

La organización del jardín en función de las demandas específicas de las diferentes especies vegetales contribuye en gran medida a un consumo más racional de agua. En la práctica, el suelo debe estar húmedo a una profundidad de:

• Al menos 30 centímetros para los arbustos.

• 10 centímetros para las plantas de parterres.

• 50 centímetros para los árboles de menos de 5 años.

• 5 a 10 centímetros para el césped.

 

La cantidad ideal de agua para los diferentes tipos de plantas es:

• Los arbustos requieren unos 40 litros/m2 una vez por semana.

• Los árboles sensibles (de 3 a 5 metros, plantados desde hace 2 a 5 años): 70 litros/m2 cada 15-20 días.

• Las plantas anuales y vivaces: uno 10 litros por metro cuadrado cada 2 a 4 días.

• Las plantas en jardineras requieren una humedad constante a nivel de las raíces.

 

REGAR CON AGUA DE LLUVIA

La de lluvia puede ser una excelente agua de riego: no está clorada como la del grifo y es óptima para todo tipo de plantas, especialmente las acidófilas. Se puede fabricar artesanalmente un recuperador de agua o comprar uno de plástico en un centro de jardinería. Pero si se puede utilizar una antigua fosa séptica bien limpia y conectarla a una canalización de aguas pluviales, se podrán almacenar varios metros cúbicos de agua; una bomba sencilla permitirá llevarla al jardín.

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